El hábito de la lectura no mejora; seguimos igual que en 2006: Caniem

  • Difunde resultados de la encuesta nacional De la penumbra a la oscuridad
  • Las políticas públicas en el sexenio pasado no fueron importantes
  • Se lee un promedio de 2.94 libros por persona
  • Visitar museos y espacios culturales implica “una probabilidad cercana a 65 por ciento de que exista un lector a futuro’
  • El formato electrónico sólo es una herramienta de consulta
Ana Mónica Rodríguez
Fuente: Periódico La Jornada
Miércoles 30 de abril de 2014, p. 2

Los niveles de lectura en el país “no son muy alentadores, puesto que en 2006 según una investigación se sostuvo que se leía 2.9 libros per capita. Ahora los resultados de la Encuesta Nacional de Lectura 2012 arrojaron el dato estadístico de 2.94”.

Así lo señalaron José Ángel Quintanilla, presidente del Consejo Directivo de la Fundación Mexicana para el Fomento de la Lectura (FunLectura), perteneciente a la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), y el coordinador Lorenzo Gómez Morin, quienes ofrecieron el perfil de los lectores y no lectores en el país tras haberse realizado la investigación con encuestas a 2 mil personas, entre 16 y 65 años de edad.

Esta selección del grupo de estudio se realizó en su domicilio en distribución al azar a partir de los distritos electorales en la República Mexicana, explicó Quintanilla.

Lo cierto, agregó, es que tampoco esperábamos cambios porque las políticas públicas para la promoción de la lectura en el sexenio (pasado) no fueron ni importantes ni sostenidas, de manera que no había expectativa de alguna mejora.

También, dijo, “decidimos, para hacer planteamientos de política pública –uno de los objetivos de FunLectura– analizar qué es lo que hay en el entorno de un buen lector y de un mal lector”.

Al respecto, prosiguió, se determinaron algunos elementos para tratar de ofrecer probabilidades estadísticas de un hábito lector razonable.

Entre esos elementos, subrayó Quintanilla, destacan la lectura por parte del padre, el interés por la lectura en la familia, además de que se debe de leer durante 30 minutos diarios.

Mientras, el no lector es quien no lee libros, no lee por gusto ni por necesidad.

Claroscuros

Según datos arrojados por la encuesta, también tiene impacto para crear hábitos de lectura el hecho de que las personas visiten museos y espacios culturales, lo cual implica una probabilidad cercana a 65 por ciento de que exista un hábito lector a futuro.

Además nosotros consideramos que un buen lector es aquel que lee por gusto, que lee más de 30 minutos al día o alrededor de 2:30 horas a la semana.

Y, sobre todo, añadió Quintanilla, que lean libros, porque no es lo mismo leer en el Metrobús un letrero o un espectacular que hacer una lectura reflexiva.

La encuesta también arrojó que se lee mucho menos revistas y periódicos que libros, puntualizó.

Estos fueron algunos detalles sobre qué se lee y cómo se lee a partir del universo de estudio que reflejó los claroscuros de ese hábito en el país.

La lectura no es entendida ni aceptada como un derecho ciudadano de primera necesidad, señaló Gómez Morín.

Además, dijo, los estudios sobre comportamiento lector son fundamentales para evaluar el impacto de políticas públicas de lectura que incluye el acceso de la población a la cultura escrita.

Esta investigación y resultados predictores del hábito de la lectura se efectuaron en colaboración con la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso).

La encuesta nacional titulada De la penumbra a la oscuridad se presentó anoche en el contexto de la primera versión de Expo Pública, la feria del libro de la ciudad de México que se desarrolla en el World Trade Center.

El encuentro editorial organizado para conmemorar el 50 aniversario de la Caniem, se inició el 25 de abril y concluirá el 4 de mayo.

En más de 8 mil metros cuadrados, los asistentes encuentran todas las opciones de lectura: novela, cuento, superación personal, libros técnicos y educativos, infantiles y mucho títulos más.

Para formar los hábitos lectores, coincidieron, en que la familia tiene mucho por hacer al respecto. No sabemos la razón, pero quedó en claro que es necesario que el padre lea más y participe en animar a la lectura a sus hijos, tarea que la madre sí está cumpliendo.

También, el estudio indica que resulta definitivo para que los hijos de familia adquieran el hábito de la lectura, que exista en el hogar presencia constante de libros.

En cuanto al formato electrónico, se nota ya un impacto, pero no en cuanto a un tipo de lectura atenta y concentrada, sino solamente como herramienta de consulta. Los usuarios –arroja el estudio– buscan enterarse de algo en particular y no siguen leyendo. No leen libros electrónicos de manera significativa.

Además, los estudios han demostrado que las políticas públicas no han sido suficientemente sólidas para dar sustento a prácticas sociales de la lectura en la población alfabetizada.

La paradoja, puntualizó Gómez Morín, es que no es lo mismo estar alfabetizado que ser lector.

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