Broadcaster

| 11/05/2009

Normalmente no soy partidario de sugerir formas de interactuar en la red, pero a últimas fechas he pensado, porque lo he visto frecuentemente, en la idea de la incorporación del broadcaster en las redes sociales. Costumbre que me parece por demás criticable viendo el funcionamiento casi siempre alternativo de los nuevos medios electrónicos hoy.

Los medios tradicionalmente centralizan el contenido para distribuirlo y su reputación depende la mayoría de las veces de las buenas formas de validar la información. Su modelo de distribución es eminentemente vertical y la retroalimentación es relativamente lenta. Por un lado la verticalidad de la distribución ha dependido siempre de la capacidad de reproducir y hacer llegar sus copias a distintos lugares. Ya sean las copias de un libro, una película o las cientos de miles de reproducciones de un diario, pero también las transmisiones de radio o televisión al llegar a los aparatos reproductores. Por otro, son también verticales porque no facilitan la interacción. Todo el contenido se produce y distribuye desde un centro (editorial), que prescribe los contenidos sin recibir contribuciones cruzadas de la comunidad que los está leyendo, oyendo o viendo o, si existe la retroalimentación, es particularmente lenta. La teoría dice que, además de los problemas técnicos por resolver, la comunidad no participa porque consume productos/información generados por especialistas. Pero, tristemente, muchas veces es solo la retribución económica (en ocasiones ni siquiera eso) la que rinde las cuentas de la resonancia que tuvo alguna publicación en una comunidad.

Está claro que uno de los grandes éxitos de la red ha sido transformar este modelo vertical de información. Tanto en la parte de validación de información como en la de producción, distribución y ganancias. Los métodos son múltiples y las posibilidades parecen todavía inagotables. Pero igualmente la discusión originada por este cambio está todavía en sus inicios y deberá pasar por muchos ámbitos (legal, técnico, educativo, etcétera) antes de poder sacar conclusiones precisas.

Pero mientras la red se debate, hacia su interior, para encontrar modos eficaces de distribución horizontal de información útil -que consoliden ideas como la de periodismo ciudadano, noticias híperlocales, gobierno 2.0, comunidades de información, producción comunitaria de textos, etcétera-, las formas de información verticales llegan y se propagan gracias a esa misma red inconclusa. Aunque no solamente en las figuras de los medios tradicionales, de los que no se debería esperar otra cosa, sino que comienza a ser una forma común de operar de los usuarios. Probablemente un eco de los medios tradicionales.

En el fondo, si se busca un modo de comunidad fundada en la información horizontal, la idea es leer tanto o más de los otros como lo que produce uno mismo. El broadcaster hace justo lo contrario. Es aquel que desde un punto focal genera y distribuye contenido que es consumido por un público que confía, más o menos, en su información, pero el broadcaster no corresponde leyendo o interesándose en lo que ese mismo público produce. Un ejemplo claro sería la forma de interactuar en twitter. Parece que conforme avanza en popularidad el servicio de microblogging, las intenciones broadcaster se hacen más frecuentes casi siempre siguiendo los pasos de twitters que ya tenían cierta fama en algún otro medio y que se dedican a acumular público pero no son ellos mismos público.

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