Mesa sobre libros digitales en la FeLiT 2010

Los libros han sido y son el medio más eficiente que tenemos para compartir información ordenada y válida, pero también son una tecnología de lectura que se ha ido sofisticando durante siglos. En general hoy en día los libros electrónicos son una metáfora de los libros impresos no sólo por que comparten ser el mecanismo crucial para mover ideas a través del espacio y el tiempo, además intentan emular el objeto, su facilidad de lectura. Por eso podemos decir que la forma en que se usa un libro, las formas en las que usamos un libro, más que su presencia física, es lo que define un libro.

Aunque también la industria del hardware y el software cree que es más sencilla su adopción si la relación entre libros impresos y digitales es más clara. Algo que ha contruibuido a perfeccionar esta imitación es que los primeros libros electrónicos fueron libros impresos digitalizados, lo que ha hecho que los que los producen se esfuercen por ser lo más fieles posible. Y lo han conseguido hasta cierto punto, pero las computadoras personales y los libros se parecen poco.

Uno de los obstáculos fue reproducir la movilidad de los libros impresos. Uno no podía llevar los libros electrónicos de manera tan cómoda como uno impreso, no podía leerlo en exteriores ni llevárselo a leer antes de dormir, etecétera. Tras varios intentos, la tecnología evolució lo suficiente para desarrollar aparatos electrónicos portátiles de lectura (Kindle, iPad y otros muchos), que además de aceptar varios formatos comunes ya entre los usuarios, como pdf o epub, lograron incorporar varias de las mejores cosas de ambas tecnologías. Son un método de lectura bastante bueno, algunos tienen pantallas diseñadas especialmente para leer, se puede cambiar el tamaño del texto de acuerdo a sus necesidades, son portátiles y no muy pesados para sostenerlos durante horas, pueden almacenar cientos de libros, es posible subrayar, hacer anotaciones ordenadas y buscar en el texto. De hecho algunos de estos aparatos incluyen su propia librería en la que se pueden conseguir los libros de manera instantanea.

Varios de los inconvenientes tradicionales de la edición en papel han sido el tamaño de los tirajes, el almacenamiento, la distribución y los puntos de venta, que a veces implican, para dar a conocer cosas que nos parecen importantes, inveritr pequeñas fortunas con las que no siempre se cuenta. Así, una de las diferencias fundamentales entre los libros impresos y los libros electrónicos es la facilidad y rapidez en la distribución. Posiblitado por internet, el acceso a los libros se simplifica con las plataformas electrónicas y los lectores encuentran más fácil los libros y los etiquetan, comentan y comparten.

Pero hay que decir que, conforme la tecnología avanza, hay cada vez más libros generados originalmente en formatos digitales que poco a poco se alejan de la forma tradicional de los libros aunque sin perder necesariamente su función. De este modo, el lector y la obra ocuparán un mismo espacio en las “páginas” de una obra. Sin olvidar que la lectura se disfruta la mayoría de las veces en soledad, los lectores intervienen cada vez más en las obras de un modo público, discuten. Los lectores de un libro, su público, se vuelve una comunidad permanentemente conectada a través de él. Conforme se valoren las publicaciones nativamente digitales se transformarán en espacios más públicos.

Luz Aurora Pimentel decía que la lectura digital es en la que puedes poner los dedos entre las páginas para marcarlas e ir hacia adelante o hacia atrás rápidamente e ir y volver en una historia para entender claramente las relaciones entre sus distintas partes en el tiempo (prolepsis y analepsis). Para Bob Stein, del Instituto del futuro del libro, esta misma acción de ir en distintas direcciones en un libro tiene un gran valor; los llama Medios dirigidos por los usuarios, frente a los medios dirigidos por un productor (cine, radio y tv), en los que uno está esencialmente pasivo. Los libros electrónicos vuelven esto más fácil y evidente, pero además de permitir lecturas no lineales en obras que a veces ocupan distintas plataformas e involucran distintos autores, pueden incluir otros elementos como video o audio, a veces reordenados por un lector que casi siempre contribuye en su distribución.

Por otro lado, hay que decir que los editores sí mejoran los libros y, especialmente ante la maraña de internet, seleccionan, ordenan información y tratan de que la lectura de una obra sea más fácil y placentera. Por supuesto que no sólo quitan erratas, eso es, en sí mismo, otro trabajo. Deciden cuál es la mejor plataforma y recomiendan lecturas.

Por eso, si se autopublica una obra, ¿por qué alguien debería leerla entre las otras miles que están en internet? Porque alguien distinto a ti, alguien que lee mucho del tema, y no menos, también dice que es buena. Las bibliotecas y librerías digitales son enormes. La información disponible en internet crece exponencialmente, por lo que será difícil encontrar y diferenciar cosas buenas. Será un proceso lento distinguir solo algo útil. Como dice Tim O´Reilly: “La oscuridad es un problema más grande para los autores que la piratería”.

Por eso, parte de la labor de las editoriales es generar comunidades e interconectarlas a través de los libros en la red y de exponenciar sus posibilidades. Entre sus funciones está conseguir más visitas, más visibiladad, de las que los autores pueden conseguir por sí mismos. Las editoriales son concentradores e interconectan distintos públicos de diferentes autores que tengan intereses similares.

Tanto para los libros como para los autores y las editoriales las marcas serán igual de importantes para diferenciarse. La promoción de libros digitales debe estar ligada a esas comunidades que se generan y se conectan, sin olvidar que están por todo el mundo y llegar a ellas depende principalmente de entenderlas y escucharlas. Pero como el mercado de libros digitales apenas está empezando es necesario experimentar con nuevas formas de vender libros. Empezando por la producción y la distribución pero también pasando, y esto será fundamental, por los precios. Porque es claro que los libros digitales deben ser más baratos que los impresos, pero lo que todavía no está claro es exactamente cuánto está dispuesto a pagar un lector.

Conforme la tecnología avance y se popularice, la diferencia entre libros físicos y libros digitales se irá volviendo menos clara, especialmente en el hardware. Pero por ahora está claro no sólo la necesidad de justificación que los libros digitales encuentran en parecerse a los impresos no ha terminado, sino que los libros impresos no desaparecerán frente a los libros digitales y que ambos convivirán todavía durante mucho tiempo.

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