Designed in California Assembled in China

Ya lo había pensado antes, cuando leí la novela El hombre en el castillo de Philip K. Dick, pero ahora lo volví a pensar mientras revisaba el artículo de Rubén Gallo Meditaciones sobre el ipod en la revista Letras Libres (que normalmente ya no leo) y quedé convencido que o lo había pagado Apple o, por lo menos, el nombre debería ser otro.

En la novela, las fuerzas del Eje han vencido en la Segunda Guerra Mundial y quince años después del final de la contienda el territorio de los Estados Unidos ha sido dividido, ocupado en la costa Este fuerzas alemanas y en la costa Oeste fuerzas japonesas. Para las fuerzas japonesas de ocupación los americanos son ciudadanos de segunda clase, aunque admiran y coleccionan artesanías y restos de su antigua cultura. Conforme transcurre la historia, Dick describe unas artesanías nuevas y originales frente a las múltiples falsificaciones de antigüedades que corren en el mercado negro. En un momento, el Embajador japonés, tras comprar una de estas nuevas y prometedoras piezas, se sienta en un parque a contemplarla y descubre su verdadero valor. En una profunda revelación, distingue la singularidad de la pequeña joya de metal, se vuelve un símbolo de su interior y modifica su humor. Lo lleva de la pesadilla a la esperanza en un momento, lo lleva de la falsificación del tiempo a un reflejo de la realidad. Ve por un momento cómo pudo ser el mundo si la guerra no la hubieran ganado los japoneses y alemanes. Es un tema recurrente de la novela, un juego de reproducciones y espejos que critica la idea de realidad. Estas artesanías son un amuleto-signo de los tiempos. Abren la posibilidad de un tiempo distinto pero reflejan el momento. Según el propio Dick, la novela fue producida siguiendo los designios de los hexagramas del i-Ching, el libro de las mutaciones. Dentro de la historia hay un libro similar a la novela de Dick, también construido con el oráculo chino, sobre qué hubiera pasado si los Aliados hubieran ganado la guerra.

Al llegar a este punto, no me quedó otra opción que levantar la vista de las páginas y observar atentamente todo a mí alrededor buscando una señal. Me reí y seguí leyendo. Pero la sensación de incomodidad no desapareció totalmente hasta que terminé la lectura. Antes de dejar el libro en la mesa de noche, dispuesto a dormir, tomé mi iPod para apagarlo y me quedé observándolo. Por el frente es negro y opaco y la parte de atrás es metálica y brillante. Inmediatamente lo relacioné con los amuletos de la novela. La reflexión del señor Tagomi, el Embajador japonés, sobre cómo el metal viene del sombrío fondo de la tierra y al salir se vuelve luminoso al reflejar la luz. El ying y el yang. Leí la pequeña leyenda: Designed in California Assembled in China. Me quedé mudo. Seguramente estos aparatos son el signo de los tiempos. Recordé a una compañera del trabajo que me contó cómo le hacía preguntas a su iPod y este le respondía poniendo canciones. Era un juego, claro, pero agudizó la sensación de semejanza. Fue inevitable pensar que yo llenaba aquella pieza de tecnología con la música que había configurado una parte de mi vida y que de algún modo me respondía solo a mí. Una selección diseñada especialmente por mí para mí, aunque al mismo tiempo me conectara indirectamente con el resto del mundo. Pero, sus mejores características: me aísla perfectamente mientras recorro la ciudad y me hace pasar por un catálogo impresionante de sensaciones de las que puedo escapar rápidamente. Me lleva de la pesadilla a la esperanza en un momento, de la falsificación del tiempo a un reflejo de la realidad.  Estoy seguro que pensé: un signo de la falsificación de los tiempos, antes de quedarme profundamente dormido.

Una opinion en “Designed in California Assembled in China

  1. Carolina

    Me gustó mucho tu post. No he leido esos libros… me dieron ganas de hacerlo.
    Me gusta cuando después de leer un libro encontramos esas pequeñas partes que quedan entre la historia y la realidad… y nos dejan en un punto intermedio tambien.

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